miércoles, 2 de marzo de 2016

A eso me olía la nostalgia ayer

Intento recordar algunos episodios que me resultan ajenos hoy pero me traen el sabor de algo que sucedió. Un cuadro fugaz me aletea en la mente y sin descanso me susurra puntos suspensivos, como queriendo dejar la jaula abierta -tal vez el pájaro quiere volar- sin embargo, la intensidad de aquel momento me brilla en los ojos como un pequeño resplandor casi imperceptible, esos labios aún tiznados en la comisura le desdibujan el amor, un sinsabor glorioso que dejó huella como fósil en una escarpada montaña que tiempo atrás parecía fértil. El hombre del cuadro nos observaba -lo recuerdo- un pasillo dejaba entrever la luz tenue en un lugar prohibido, que no fue nada. Debí haber leído con mayor detenimiento aquel aviso de letras rojas que me prevenía ante el suceso irónicamente esperado. Una mochila, unas manos, un vagón -la puerta se cerró- el beso murió allí. Quedé encadenada para siempre a ese lugar, ahora huele a nostalgia de la buena, increíble -el mejor lugar del mundo- pasar la calle trae a mi mente de inmediato la noche aquella -Que nunca fue- y siempre será.

sábado, 20 de febrero de 2016

El suelo que pisas a diario te ata al mundo, te limita, te sofoca a cada paso... huye de vez en cuando de él, tropieza, ríe, sueña, pon todo de cabeza y asegúrate de no regresar jamás... -Ya sé- te dije -De vez en cuando- Mentí. Lo hago siempre con pequeños pretextos absurdos que me involucran cada vez menos con tu mundo. ¿Qué sucederá cuando no quiera regresar? ¿La habitación 418 me estará esperando con las sábanas tendidas? Difícil elección, la paradoja de todos los días, vuelo o camino. Tu amor o el mío.