A eso me olía la nostalgia ayer
Intento recordar algunos episodios que me resultan ajenos hoy pero me traen el sabor de algo que sucedió. Un cuadro fugaz me aletea en la mente y sin descanso me susurra puntos suspensivos, como queriendo dejar la jaula abierta -tal vez el pájaro quiere volar- sin embargo, la intensidad de aquel momento me brilla en los ojos como un pequeño resplandor casi imperceptible, esos labios aún tiznados en la comisura le desdibujan el amor, un sinsabor glorioso que dejó huella como fósil en una escarpada montaña que tiempo atrás parecía fértil. El hombre del cuadro nos observaba -lo recuerdo- un pasillo dejaba entrever la luz tenue en un lugar prohibido, que no fue nada. Debí haber leído con mayor detenimiento aquel aviso de letras rojas que me prevenía ante el suceso irónicamente esperado. Una mochila, unas manos, un vagón -la puerta se cerró- el beso murió allí. Quedé encadenada para siempre a ese lugar, ahora huele a nostalgia de la buena, increíble -el mejor lugar del mundo- pasar la calle trae a mi mente de inmediato la noche aquella -Que nunca fue- y siempre será.